12 frases memorables de Paloma en 'Aquí no hay quien viva'

Durante dos temporadas, Loles León se metió en la piel de Paloma en ‘Aquí no hay quien viva’. La actriz, nacida el 1 de agosto de 1950, formó parte del personal desde el inicio de la ficción en el año 2003, siendo uno de sus rostros principales hasta el final de la segunda temporada. León se incorporaba a la serie tras favor participado en diversos proyectos tanto en la pequeña como en la gran pantalla, algunas producciones de renombre como «¡Átame!», «La pasión turca» o «La niña de tus ojos».

Sin confiscación, para los seguidores de la comedia de los hermanos Caballero, León siempre será la eterna Paloma, un personaje que se caracterizaba por su esforzado carácter y su afán de controlar todo lo que pasaba a su más o menos. En el final capítulo de la segunda temporada decíamos adiós a este mítico personaje, que se precipitaba por el patio tras un rifirrafe con Isabel. Su despedida se debía a la marcha de la actriz, que abandonaba la ficción envuelta en polémica.

No obstante, el personaje continuó teniendo relevancia a lo dadivoso de la serie porque los guionistas decidieron dejarla en coma y arriesgar con la incertidumbre de si en algún momento despertaría o no, circunstancia que llegó a ocurrir y que solventaron haciendo que en ningún momento se le viera la cara. Su final definitivo llegó cuando no superó el coma a posteriori del segundo atropello, momento en el que se descubrió que, aunque idolatraba a su marido, ese sexo no era tan fiel como decía, pues mantuvo un idilio con un mercader de aspiradoras. Desde FormulaTV queremos memorar algunas de las mejores frases que nos dejó Loles León con su mítico personaje de Paloma en ‘Aquí no hay quien viva‘.

1 «¡Y punto en boca!»

Todos los personajes de ‘Aquí no hay quien viva’ tenían un frase o expresión que les caracterizaba e identificaba porque la utilizaban constantemente. En el caso de Paloma, su carácter irrefutable y su obsesión por sobrellevar siempre la razón hacían que cada dos por tres tuviese presente la frase «¡Y punto en boca!». Cada vez que la utilizaba todos sabían que ya no había más envés de hoja y que lo que ella dijese así iba a ser. Incluso algunos temían llevarle la contraria por las consecuencias que eso pudiese tener. Por tanto, aunque estuviese equivocada, su cabezonería era inverosímil de modificar, ni el propio Juan podía hacerle cambiar de parecer. Así pues, cosa que decía su mujer y que terminaba con esa expresión, cosa que se iba a realizar de ese modo. De hecho, fue su última frase adaptado ayer de caer por el patio mientras discutía con Isabel.

2«Las caras, Juan, las caras»

Para celebrar la Navidad de una modo cordial, Juan Cuesta tuvo la ingenioso idea de realizar el amigo invisible entre todos los vecinos, alquilados incluidos. Aunque a regañadientes, todos aceptaron participar en el selección, por lo menos para intentar nutrir el espíritu navideño. La mayoría de ellos optaron por salir del paso regalando algún objeto que tenían por casa o comprando cosas baratas. No obstante, la ilusión permanecía en la clan Cuesta, que quisieron inmortalizar el momento de inaugurar los regalos grabándolo todo en vídeo. Paloma le recordaba a su marido la importancia de encuadrar acertadamente las caras haciendo un primer plano a los vecinos, dejándonos para la posteridad una frase que ha sido utilizada por muchos en alguna ocasión e incluso se han hecho memes.

3«¡Hombre ya!»

Paloma captó nuestra atención desde el primer momento por su forma de ser. A la mujer le encantaba ser el centro de atención y, para ella, eso de acaecer desapercibida era impensable. Gracias a su dinamismo y a su esforzado carácter, arrasaba allá por donde pisaba. Además, como ya hemos comentado anteriormente, ella siempre tenía la última palabra e incluso aunque su marido era el presidente de la comunidad, la mayoría de las veces hacían lo que ella quería. Por todos estos motivos, la expresión «¡Hombre ya!» era habitual en el vocabulario de Paloma, pues la empleaba para expresar disconformidad cuando determinado trataba de hacer poco que no le gustaba, para dar por zanjadas conversaciones o para dejar claro que las cosas se hacían según lo que ella dijese o pensase.

4«Ya está la pija restregándonos su dinero»

Desde que Lucía y Roberto pisaron Desengaño 21 por primera vez en el episodio piloto de la serie, Paloma ya empezó a prejuzgar a sus nuevos vecinos. El motivo principal fue el boleto, pues Lucía siempre ha vestido con ropa de marca y no se privó a la hora de reordenar su firme o de comprar los mejores muebles y electrodomésticos para su casa. Poco a poco la envidia fue creciendo, ya que Paloma no soportaba que Lucía tuviese mejores cosas, como la televisión, el distinción acondicionado o la famosa ducha de hidromasaje que todos los vecinos utilizaron. Cada vez que Lucía hacía narración a poco que tuviese que ver con gastos o derramas desorbitadas, Paloma aprovechaba para recriminarle que les restregase su boleto y alardeara de no tener problemas económicos, aunque esa nunca fuese la intención de Lucía.

5«Es mío, es mi tesoro, él vino a mí»

Retomando el amigo invisible que Juan propuso para atizar el espíritu navideño entre sus vecinos, cerca de memorar que lo que parecía un entretenimiento inocente acabó siendo una auténtica pesadilla para Juan y Roberto, sobre todo para este final. Por tropiezo de su cuñada, Roberto le entregó a Paloma el anillo de compromiso que iba a regalarle a Lucía, provocando una confusión. Pidió ayuda al señor presidente para recuperarlo porque le había costado un dineral, pero Paloma ya se había aferrado a su nueva sortija como el viejo de sus tesoros. Tanto es así, que la primera dama de la comunidad se convirtió en la lectura femenina y maruja de Gollum. De esta forma, con una clara narración a la clan «El señor de los anillos», demostró que iba a ser muy complicado que se olvidara de esa increíble sortija.

6«Que yo te llame borracha no significa que no te aprecie»

Pocas veces hemos gastado a todos los vecinos unidos y apoyándose mutuamente. De hecho, podemos contar con los dedos de las manos las ocasiones en las que han actuado como una piña y han remado en la misma dirección. El mal rollo, la envidia, los hurtos, los allanamientos, los apodos, las acusaciones, los cotilleos y la rivalidad son las características que priman en el ámbito de Desengaño 21. A pesar de todos estos aspectos negativos, muy en el fondo se tenían poco de aprecio, tal y como reconoció Paloma al afirmar que, por mucho que se metiese con Marisa acusándola de borracha, le tenía cierto cariño. Al fin y al término, formaron una especie de peculiar clan y, aunque tenían sus riñas y disputas, parece que incluso se querían.

7 «La masa está para manipularla, todo por el pueblo, pero sin el pueblo»

Tener el control de la comunidad gracias al cargo que ostentaba su marido era uno de los grandes placeres de Paloma. Por eso, cuando Lucía o algún otro vecino amenazaba la continuidad como presidente de Juan, Paloma sacaba las garras para defenderle. A ella le encantaba tener la última palabra para que las decisiones se tomasen según sus intereses, sin importarle la opinión de los demás o las votaciones que se realizaban en congregación. Además, disfrutaba manejando a su antojo a sus vecinos, tergiversando los hechos para ofrecer la visión o la interpretación que a ella más le convenía. Llegó a declarar que «La masa está para manipularla, todo por el pueblo, pero sin el pueblo», toda una líder.

8 «PUF, Paloma Urban Fashion»

Además del chalé en la playa, uno de los grandes sueños de Paloma era tener su propia boutique con los diseños que ella misma creaba. Este deseo se hizo sinceridad gracias a la ayuda de su vecino Andrés Guerra, que vio en PUF un crecer comercial. Ella incluso lo tenía claro, «PUF, Paloma Urban Fashion» había nacido para revolucionar la industria de la moda y hacer frente hasta a la mismísima Agatha Ruiz de la Prada. En el tercer episodio de la segunda temporada, titulado «Érase un negocio», la firma de moda se puso en marcha, incluso varios vecinos colaboraron en su expansión cosiendo ropa o ejerciendo de modelos en el desfile en el que se colaron en la pasarela Cibeles. Por muy acertadamente e internacional que sonase «PUF», de ausencia sirvió el esfuerzo pues la marca fue un auténtico desastre y una gran pérdida de boleto.

9 «Puteríos aquí no, Juan, aquí ¡no!»

De igual forma que Paloma tenía claro lo que quería, incluso sabía muy acertadamente que era lo que no le gustaba. Su mentalidad era suficiente cerrada para algunas cosas, ya que siempre miraba por su propio beneficio, incluido cuando su hija encontró un novio. Asimismo, si en la comunidad sucedía poco que no era de su gusto, así se lo hacía memorizar a su marido, que tenía que cumplir para satisfacer los deseos de su mujer, aunque eso supusiese más quebraderos de habitante como presidente. Por ejemplo, cuando creyeron que Belén y Alicia ejercían la prostitución en su firme, Paloma le dejó acertadamente clarito que «Puteríos aquí no, Juan, aquí ¡no!». Aunque en sinceridad era una frase que usaba en muchas ocasiones cambiando la primera palabra para adaptarla según la circunstancia.

10 «No, Juan, en Irlanda no, en Inglaterra y así aprende inglés»

El escueto José Miguel (Eduardo García) tuvo que tener más de una vez que sus padres le amenazaran con llevarle a un internado si no comenzaba a estudiar y mejoraba su comportamiento. Aunque el muchacha contraatacaba diciéndoles que ya estaba buscándoles plaza en una residencia para mayores para vengarse en un futuro, finalmente no pudo evitar que la advertencia de sus progenitores se hiciese sinceridad. De hecho, para su padre el mejor destino siempre fue Irlanda, aunque Paloma discrepaba porque, según ella, prefería Inglaterra para que así José Miguel pudiese ilustrarse inglés. Como podemos comprobar, la mujer no estaba muy puesta en geogonia y los idiomas siquiera eran su punto esforzado.

11 «Uy, la hierbas, ¡se le ha subido el tomillo a la cabeza!»

Cuando la clan Guerra llegó a Desengaño 21, Paloma intentó hacerse amiga de Isabel porque era la primera vecina de su antigüedad en el edificio. Sin confiscación, las personalidades de ambas no podían ser más diferentes, por lo que terminaron enemistadas. De este modo, los intentos de Paloma siempre eran en vano porque Isabel no soportaba el carácter estridente e histriónico de su vecina. Además, la relación empeoró cuando ambas pensaron que sus maridos estaban siéndoles infieles. Antes de lograr a este punto Paloma hizo lo posible por entablar una buena relación, pero siquiera pudo evitar meterse con las aficiones de Isabel, que era muy fanática de las hierbas y la filosofía zen, lo que le sirvió para ganarse el apodo de «la hierbas» y para que todos pensaran que siempre iba colocada por lo que consumía, aunque fuese simple tomillo.

12«Confiésalo todo, Juan, ¡o me caigo muerta aquí mismo!»

Hacer un drama de todo incluso era una de las cualidades de Paloma. Ponerse en lo peor sin tener pruebas fehacientes o haciendo caso solo a rumores era su división, pues prefería creer en palabras ajenas ayer que investigar la verdad. Así pues, cuando llegó a casa tras acaecer unos días en un casa de baños para desconectar de todo y se encontró con una mujer saliendo de su casa, lo primero que pensó fue que su marido le había puesto los cuernos. En este caso no iba muy desencaminada porque Juan tuvo esa opción en mente por tropiezo de la mala influencia de Andrés, aunque efectivamente no llegó a hacer ausencia porque la chica solo intentaba venderle un plan de seguros. No obstante, fue el desencadenante de un gran rodera en el himeneo, incluso Juan se marchó a la pensión Loli y Paloma decidió aceptar la presidencia de la comunidad para intentar acaecer página en su fracaso matrimonial.