Carmen reacciona a la confesión de Herón en 'First Dates':

No todas las personas que se conocen en ‘First Dates’ continúan conociéndose fuera del software. Aunque el equipo del espacio pone todo su empeño en reunir a los candidatos más acordes, no siempre funciona, y este ha sido el caso de Herón y Carmen, una de las últimas parejas que se han conocido en el dating show. A pesar de activo intentado permanecer una velada más o menos agradable, tomaron la audacia de continuar cada uno por su camino principalmente por la errata de compatibilidad.

Durante la velada, los dos participantes del dating show coincidieron en que uno y otro llevaban varios tatuajes y piercings, lo que no se esperaba la malagueña es que su cita tuviese «una polla» tatuada en su cuerpo: «¿Qué hablas? ¿Cómo te vas a tatuar eso? Yo no me hago eso ni muerta», aseguraba avergonzada. Herón en un principio se lo ha tomado correctamente y le ha hecho misericordia. De hecho le ha llegado a aseverar que le «errata la parte femenina», al mismo tiempo que le echaba una ojeada pícara a Carmen, pero la pollo no le ha seguido el pasatiempo.

Con tan solo 19 primaveras, Carmen acudió al restaurante de ‘First Dates’ para conocer al acto sexual de su vida. La malagueña afirmó que ha sido víctima de un mal de ojo, ya que hay varios aspectos de su vida que le van «malamente». Confesó ser una chica tímida pero «agitanada» y con ganas de tener «poco serio». Mientras que Herón, con 24 primaveras de vida y padre de una pupila, admitió que había mandado «a la mierda» a más de una pareja pero que además buscaba una relación estable por el correctamente de su pequeña.

Por separado

A medida que avanzaba la velada más se separaban las posturas de Carmen y Herón, principalmente cuando se trataba de dialogar de sexo. El vasco ha acostado de menos que su cita se abriese un poco más a la hora de dialogar del acto sexual y los gustos en las relaciones íntimas, poco que la malagueña claramente ha avisado que no se siente cómoda al tratarlo. En el momento de tomar la audacia final uno y otro lo tenían verdaderamente claro: «Somos muy distintos», coincidieron por fin al término de la confusión.