Crítica de ’30 monedas’, el pequeño pueblo de los horrores de Álex de la Iglesia

Álex de la Iglesia domina como nadie el arte de contener el caos en una botella para arruinar estampándola contra el suelo. Las escaladas de tensión son la preparado del cineasta vasco, que a lo amplio de su filmografía nos ha tirado de la cruz del Valle de los Caídos y nos ha remolcado por las cloacas, entre otras tantas locuras inolvidables que hemos vivido sobre todo en la gran pantalla. Sin retención, su estilo todavía quedó inmortalizado en la televisión con ‘Plutón BRBnero’, su regreso sin tapujos a la ciencia ficción con la que debutó con «Argumento mutante». Una plazo posteriormente, de la Iglesia vuelve a un medio en pleno apogeo con ’30 monedas’, planteando un arrollador y terrorífico thriller que lleva el horror desenfrenado al comarca más inesperado.

La producción llamativo de HBO Europe está ambientada en Pedraza, un modesto pueblo segoviano entre cuyas murallas nunca pasa ausencia. A estas jefatura de la premisa, hasta el espectador menos avispado ya sabe que eso de que «nunca pasa ausencia» no suele tardar en resquebrajarse y dar lado a un polvorín, y en el caso de ’30 monedas’ ese estallido va mucho más remotamente. Haciendo honor a su sello de identidad, de la Iglesia y su constante colaborador en los guiones, Jorge Guerricaechevarría, rompen con la paz de esta pueblo, pero no de una modo tímida, sino que la convierten en el epicentro de una batalla entre el perfectamente y el mal que puede desembocar en el final de la humanidad tal y como la conocemos.

El punto de inflexión es la venida del padre Vergara (Eduard Fernández), un enigmático sacerdote que ha sido destinado a ese remoto lado tras especializarse en el mundo del exorcismo y acaecer por la prisión. Sus vecinos no conocen ausencia de ese pasado, pero se dan cuenta de que desde su irrupción han comenzado a suceder cosas extrañas. Muy extrañas. Delante ese cúmulo de inexplicables desdichas, el corregidor del pueblo, Paco (Miguel Gracia Silvestre), establece una alianza con la veterinaria, Elena (Megan Montaner), para arrojar luz sobre la amenaza que se cierne sobre ellos. Pero cuando esa sombra resulta ser mucho más alargada de lo que pensaban, se desata una refriega de proporciones épicas y de una ansia con pocos precedentes en la televisión española.

Presunción sin fronteras

La escalera de ’30 monedas’ no tarda en expandirse. A lo amplio de sus ocho episodios, Pedraza se mantiene como la colchoneta de operaciones, pero se van haciendo más frecuentes las localizaciones internacionales que subrayan que esto es, al mismo tiempo, un conflicto circunscrito y universal. Una dualidad que reside en el mismo espíritu de la serie, y que sirve para explotar al mayor el contraste entre lo prosaico de la vida en el pueblo con lo disruptivo de unos bienes visuales abrumadores, que se integran de modo audaz para dar rienda suelta a las fantasías más lúgubres de Guerricaechevarría y de la Iglesia.

Tanto en el apartado de bienes como en el de guion, la tendencia enhiesto es uno de los instrumentos distintivos de la serie, que consigue sorprender episodio tras episodio, elaborando un apasionante crescendo que no deja un solo capítulo sin su correspondiente culminación. Al entrar en el surtido de ’30 monedas’, te montas a lomos de un monstruo que no para de crecer, de proponer situaciones originales y de sacudirse cualquier sospecha de que sabemos con destino a dónde se dirige. El reverso cenizo de todo esto es que, como suele ser habitual en las obras del director bilbaíno, cuanto más crece la embuste de cocaína más complicado es detenerla sin que se desmorone ajustado al final. En el caso de ’30 monedas’, el desenlace resuelve en términos generales el conflicto que se plantea, dejando puertas abiertas para una segunda temporada, pero no le habría venido mal poco más de exposición a un capítulo final un tanto atropellado.

La semilla del mal

Aun así, si dividimos la filmografía del cineasta entre las cintas que huyen con destino a delante y las que culminan con buen pie su catarsis, ’30 monedas’ se decantaría más por la segunda categoría. La ficción de HBO es un derroche de originalidad y personalidad, desde la distintiva música de Roque Baños hasta un catálogo de personajes muy diverso, que muestra a Fernández, Miguel Gracia Silvestre, Megan Montaner o Macarena Gómez en unos roles muy extravagantes. Y es que el regreso de Álex de la Iglesia a la pequeña pantalla hace de la excentricidad su resistente, impulsando una exploración espeleológica del origen del terror con un enfrentamiento que demuestra que el perfectamente y el mal son las dos caras de una misma moneda.