Crítica de 'Campamento Albanta': Un canto a la diversidad con unos personajes perturbados por sus secretos

La marca Series Atresmedia sigue ampliando su catálogo con productos diferentes, que arriesgan, que se atreven a ofrecer productos diferentes, con personajes no muy vistos, con una realización peculiar y, en normal, con un planteamiento que se distancia de lo establecido. Estamos hablando de ‘Campamento Albanta’, una ficción compuesta por seis capítulos de media hora y enfocada a un sabido vivaz.

‘Campamento Albanta’ nos lleva hasta el sitio que su propio título indica, un espacio alejado de cualquier ciudad al que todo aquel que acude será ayudado a olvidarse de su pasado para tratar de ser felices. Tras su paso por allí, Gonzalo se suicidó y ahora, un año a posteriori, su hermana Olivia (Kimberley Tell) llega como alumna para descubrir qué es lo que le llevó a su hermano a quitarse la vida. Sin bloqueo, no lo tendrá obediente, porque en este campamento ocurren cosas inexplicables.

Esta serie producida por Lucky Road y rodada en Peguerinos (Ávila) está creada para Flooxer, la plataforma gratuita de contenidos gratuitos de Atresmedia. Sin bloqueo, viendo el buen funcionamiento que está teniendo la nueva dinámica del género mediático, los capítulos se estrenarán antaño, en monopolio y dos cada semana, en Atresplayer Premium. Quizás entonces, sí que se perciba que es diferente al resto de las series de su catálogo, con último presupuesto, duración y escasez de escenarios, pero muy correctamente resuelta basando el peso principal en unos personajes con hechos del pasado que atormentan su presente.

Personajes con grandes historias por descubrir

Los protagonistas son cinco alumnos que nos prometen tener una historia muy interesante que les ha hecho presentarse al campamento. Está Olivia (Tell), cuyo hermano se suicidó tras su paso por el campamento y exploración ahora los motivos; Abel (Pol Monen), tramado por provocar un casualidad a su hermano; Carolina (Lucía Martín Abelló), quien se considera ella misma una persona tóxica; Marcos (Jorge Clemente), achicopalado e introspectivo, es el único que parece estar a complacencia en el campamento; y Audrey (Javier Ruesga), quien detrás de una figura estrafalaria que desafía los límites del mercancías binario, se esconde un manipulador sin empatía que parece conocerlo todo.

Como en todo campamento, incluso están los monitores, representados en esta serie por Dídac (Pepo Llopis) e Idalia (Eva Llorach). Ella es la fundadora y tiene una presencia arrolladora y parece que su objetivo es ayudar a los que acuden al campamento, mientras que él es el mentor más verde e hijo de ella. Quiere ayudar, pero en el fondo quiere dejar este campamento detrás.

Y todos ellos nos ofrecen un canto enorme a la diversificación sexual. Si correctamente en todas las series hay uno o dos personajes a lo sumo que no son cis hetero (sin contar ‘Veneno’), ‘Campamento Albanta’ sí que intenta ser un fiel reflexiva de la sinceridad donde los heterosexuales tienen la misma presencia que el colectivo LGTBI. De los cinco alumnos, dos son heterosexuales, una lesbia, uno gay y otro de mercancías no binario. Es de devolver que una serie dirigida a un sabido verde represente así la sociedad, pues es como es, y así ayudará a que su sabido empatice, se vea reflejado y disfrute de un género de personajes como podría ser su pandilla.

Estos personajes son tan reales gracias, en primer sitio, al guion, y segundo sitio, al casting de la serie. Los siete protagonistas están excepcionales en sus personajes, siendo encima en gran medida intérpretes conocidos por los espectadores, como Pol Monen, Kimberly Tell, Jorge Clemente, Lucía Martín (que merece este paréntesis para opinar que está espléndida), Javier Ruesga (enorme, con una arriesgada interpretación) y algún que otro nuevo talento por descubrir como Pepo Llopis.

El fuego, otro protagonista

El fuego simula ser el motor de la normalidad. Mientras la candela esté encendida, todo irá correctamente. Por eso hay que proteger que nunca se apague, porque es entonces cuando el campamento talego lo peor de sí mismo. ¿Es auténtico lo que ocurre cuando no hay fuego? ¿Es su marcha la que provoca alucinaciones? ¿O es la marcha de candela lo que muestra positivamente la verdad? ¿Qué poder auténtico tiene esa hoguera a la que los alumnos no quieren darle importancia? Más allá de los personajes, este es sin duda uno de los misterios principales de la serie que podrían tener cierta similitud, manteniendo las distancias, con el «corazón de la isla» de ‘Perdidos’.

Conclusión

‘Campamento Albanta’ nos permite suceder un rato agradable frente la pantalla para ir descubriendo ciertos misterios cuyo arbitraje principal es no dejarnos con grandes cebos ni cliffhangers, al menos en su capítulo de presentación. Su media hora es acertada, pues sus episodios no se hacen ni largos ni cortos y para quien lo desee, es la serie perfecta para maratonear en una tarde de verano disfrutando de unos personajes que van a sorprender.