Crítica de ‘Solar Opposites’ (T2), el reverso consumado de ‘Rick y Morty’

Es impracticable ver, escuchar o escribir de ‘Solar Opposites’ sin hacer mención a ‘Rick y Morty’. Aquí entra en ocio el SEO, evidentemente, pero sobre todo la innegable similitud a primera presencia entre ambas ficciones animadas, que comparten multitud de rasgos. No obstante, a medida que te empapas de la ultraviolencia y el estilo megarrefencial de ‘Solar Opposites’, vas descubriendo una personalidad que crece más allá de los designios de la inicial creación de Justin Roiland. Y por si la primera temporada no había sido suficiente para darle el crédito que merece a esta tribu foráneo, la segunda arranca explotando sus puntos fuertes y enganchándonos aún más a su vendaval de comedia adulta.

Los opuestos a los que alude el título vuelven a ser, por un costado, Korvo y Yumyulack, que odian profundamente a la Tierra y todo lo que habita en ella, y en el otro banco se encuentran Terry y Jesse, que se han integrado con decano facilidad en el planeta al que han acudido para reunir a su especie. De la fricción entre ambas posturas vuelven a surgir las alocadas tramas de todos los episodios que, siguiendo la reguero de ‘Los Simpson’, parten de un detonante insensatez que dispara a los personajes a direcciones totalmente insospechadas.

Cuando se produce ese estallido se evidencia la principal diferencia con respecto a ‘Rick y Morty’, ya que, irónicamente, aunque los protagonistas de ‘Solar Opposites’ son extraterrestres, sus desventuras tienen emplazamiento principalmente sobre la faz de la Tierra, mientras que las del brillante sabio tienden a llevarle yuxtapuesto a su nieto a los espacios más recónditos de la galaxia. Asentándose en la ingenuidad terráqueo, la comedia de Hulu, que se puede ver en España a través de Disney+, recurre a los tropos habituales de las sitcoms familiares y los subvierte de guisa autoconsciente al llevarlos al extremo de la ciencia ficción.

La tribu es lo primero

Al fin y al promontorio, por extraño que pueda parecer por las brutales dosis de violencia, tanto verbal como física, que se dedican sus protagonistas, ‘Solar Opposites’ es una comedia frecuente. Terry y Korvo tienen las dinámicas del peculiar enlace televisivo, con unos cuantos artilugios futuristas de por medio; sus hijos serían Yumyulack y Jesse, que se llevan a matar, y Pupa es el maravilloso bebé que campa a sus anchas. Hasta aquí es todo proporcionado reconocible y la serie lo sabe, así que juega con las expectativas y experimenta desde ese punto de partida.

La segunda temporada mantiene esa aprecio y expande el imaginario de la serie al ofrecer nuevos detalles sobre los schlorpianos, la especie a la que pertenecen los protagonistas. El primero de los nuevos episodios ya brinda momentos de apoteosis, riéndose de sus propias limitaciones con guiños metarreferenciales. Una vez más, Roiland y su socio Mike McMahan demuestran que la comedia animada es el demarcación consumado para desatar la imaginación. Ya lo hicieron dando forma a un referente como ‘Rick y Morty’, y ahora han explotado las fortalezas de aquella para diseñar y hacer crecer a ‘Solar Opposites’, que es mucho más que un aperitivo entre temporadas de su hermana decano.