Cuando Cristina se liberó y Valeria nos enamoró

‘Veneno’ ha estrenado este domingo su tercer episodio en Atresplayer Premium. Javier Calvo y Javier Ambrossi, con la dirección de Mikel Rueda, viajan en esta entrega a finales de los 80 y principios de los 90 para abordar los últimos días rurales de Joselito antes de conocer el amor, descubrirse a si misma y dar paso a Cristina Ortiz, que más tarde se mudaría a Madrid y saltaría al estrellato convertida en La Veneno.

Según explicó Valeria Vegas en una entrevista con FormulaTV, los Javis decidieron incluir su historia en la serie para que el público tuviese un personaje con el que sentirse identificado, ya que la personalidad de la Veneno era tan excesiva que generaría distancia con el espectador. Este será posiblemente el único punto en el que diferiré con los Javis en su creación: más allá de reflejar los gestos y frases icónicos que satisfacen a quienes esperaban los chascarrillos de la Veneno, con este episodio confirman que han dotado de una humanidad a la historia de Cristina Ortiz que nos acerca a su desazón, su desilusión ante la vida, las contradicciones de una existencia marcada por abusos de forma crónica.

El tercer episodio de ‘Veneno’ nos descubre el momento de mayor esplendor de la Veneno, el punto de su vida en que empezó a entender su identidad como mujer y cómo ese camino hacia el autodescubrimiento estuvo irremediablemente vinculado a sus relaciones afectivas y sexuales con los hombres.

Casi dos décadas después y pese a partir de un punto muy distinto, la historia se repite para Valeria de la misma manera que se sigue repitiendo en la actualidad para las personas trans. Es el agotamiento de dar explicaciones constantemente: primero con tu familia, después con la sociedad, luego con tus pretendientes, más tarde con quien decides acostarte. Si hasta ahora las vidas de Valeria y Cristina seguían líneas paralelas con puntos en común, en este episodio ambas mujeres se convierten en un binomio indisoluble y sus viajes quedan unidos para siempre.

Jedet, el gran descubrimiento

Además de la luz que va ganando Lola Rodríguez a medida que crece la seguridad de Valeria, en esta entrega descubrimos también a Jedet. Y digo descubrimos porque, sin ser este un biopic sobre su vida, sirve para entender el proceso de transición que la actriz emprendió precisamente durante el rodaje de la serie. Su interpretación deslumbra a la hora de enfrentarse a una de las etapas más complicadas de Cristina, marcada por la dicotomía. Con apenas posibilidad de recurrir a material de archivo que le ayudase a construir su personaje, el fichaje de Jedet por la ficción se confirma como todo un acierto y acalla muchas críticas al demostrar su inmenso talento.

Jedet encarna a un Joselito que está dejando de ser Joselito. Un muchacho que ya ha dejado atrás Adra y que, por un breve periodo de tiempo, conoce la felicidad en una familia que le acoge junto a su hermana sin juzgarlo. Allí se enamora del novio de una de las hijas, lo que le provoca una desilusión que le empuja a la noche de Torremolinos de los años 90. Así, aprendiendo a base de golpes, es como acaba conociendo a Paca la Piraña y se da cuenta de que no debe tener miedo a subirse a unos tacones si es lo que le pide el cuerpo.

Los guiños televisivos

Como en todo lo que hacen los Javis, no faltan los guiños a la televisión. Porque -no me cansaré de decirlo- ‘Veneno’ es también una historia de cómo la pequeña pantalla forma parte de nuestras vidas y es capaz de transformarla, estés en el lado que estés. El tercer capítulo recupera ‘Vivan los novios’, un dating show, programa de citas que se decía entonces, que presentó Andoni Ferreño en Telecinco. Aunque en la serie adopta el nombre de «Viva el amor», los fans catódicos disfrutarán de esa estética noventera y de todos los cumplidos casposos que se podían esperar de ese tipo de programa en la época. Vemos cómo La Veneno estaba destinada desde joven a la televisión, que en esta ocasión le llevó a emprender un viaje físico y espiritual que seguro desconocía la mayor parte de sus fans.

Así, en este viaje que atraviesa sentimientos, sexo e identidad y llega hasta lo vintage vemos a una Veneno que rememora lo más cercano a la inocencia que vivió en su vida. Su relato sirve a Valeria para empoderarse en su autodescubrimiento, y esto sirve a su vez a La Veneno para devolverle la ilusión tras su paso por prisión. Isabel Torres recupera ese brillo en la mirada de una Cristina que se imagina regresando a los escenarios y recuperando la gloria de sus días en ‘Esta noche cruzamos el Mississippi’. Unos días que, por desgracia, nunca volverían a ser iguales.