La pandemia como sí la habías visto antes, ahora por Stephen King

En 2020 lo que sólo habíamos trillado en el cine o los libros se ha hecho verdad, y no para admisiblemente. La pandemia del COVID-19 ha afectado en viejo o último medida a todo el mundo, por lo que será difícil que volvamos a ver con los mismos luceros una historia sobre infecciones víricas descontroladas. Es el caso de ‘The Stand’, serie que adapta la novelística de Stephen King titulada en España «Tragedia», y que estrena StarzPlay el 3 de enero. El texto es de 1978 y la producción terminó el amplio de su rodaje antaño del confinamiento, pero el manifiesto que va a recibirlo sí es postpandémico, por lo que la ficción tiene el combate de ofrecer algún incentivo extra para atraparle. Un combate que difícilmente supera.

La trama arranca en un mundo devastado por una enfriamiento mucho contagiosa y mortal, que acaba con más del 98% de la población mundial. Eso sí, el porcentaje restante es inmune, por lo que debe sobrevivir al caos resultante del colapso de la civilización construyendo una nueva comunidad. El principio de este nuevo plan social se da en Boulder, Colorado, a donde llegan diversos supervivientes atraídos por la intrigante figura de Raíz Abigail (Whoopi Goldberg), una anciana que parece distanciada de la humanidad y que proxenetismo de frenar las insidiosas conspiraciones de Flagg (Alexander Skarsgard), otro ser sobrenatural que no sólo proxenetismo de descomponer la nueva sociedad, sino que es responsable de la manumisión del virus.

Una premisa que es un déjà vu

Es injusto inculpar al argumento un uso de tópicos del clase cuando adapta la que es una de las novelas seminales del mismo. Con «Tragedia», Stephen King asentó conceptos para la imaginación de escenarios postapocalípticos que se han cliché desde entonces, así que son muchas de las historias posteriores las que han convertido en tópico lo que inició ese texto. Pero la serie llega en 2020, con un espectador acostumbrado a esta clase de ficciones, por lo que es difícil que durante el episodio piloto no tenga la sensación de haberlo trillado todo ya antaño.

Y no sólo es que la premisa apocalíptica se haya tratado en otros formatos, es que incluso la propia serie te la repite y hace hincapié en ella. Su material promocional insiste en que «sobrevivir es sólo el principio», haciendo relato a que la construcción de la nueva sociedad de Boulder es el meollo de esta ficción. Sin retención, el episodio piloto se detiene en esa supervivencia auténtico frente a la pandemia de forma innecesaria. Teniendo en cuenta lo recurrente y cliché de las situaciones mostradas en ese capítulo, quizá se podría deber contado lo mismo en una pequeña inclusión o directamente habérselo saltado, aunque se perdiesen detalles del texto.

Supervivientes para todos los gustos

A pesar de que la serie pueda partir de una premisa poco llamativo, los personajes que van a conformar esta nueva comunidad podrían ser su gran esperanza. Es poco que nos ha enseñado ‘The Walking Dead’, que igualmente parte de un postapocalipsis no muy llamativo, pero que ha sabido asentarse durante diez abriles en personajes con trasfondos interesantes y vistosos. La novelística llamativo tiene una panoplia de ellos, pero no todos poseen el mismo atractivo y esta acoplamiento siquiera ha sabido juguetear con ellos tan admisiblemente.

En el primero de los dos episodios a los que StarzPlay nos ha entregado entrada, se nos presenta el origen de Stu (James Marsden), Frannie (Odessa Young) y Harold (Owen Teague). El primero no pasa de ser el clásico héroe que representa al estadounidense medio, el hombre de la calle que se ve envuelto en hechos muy por encima de él. Por otro flanco, Harold es un inadaptado social que falta al mundo que representa la posición prototípica de los llamados incel, y que por lo tanto siente que la inestable Frannie le debe su inclinación por haberla redimido. No son historias que se salgan de unos cauces fácilmente predecibles, pese a que los actores, especialmente en el caso de Owen Teague, hagan por elevarla.

Por otro flanco, el segundo episodio sí nos presenta a personajes más particulares y atractivos, comenzando por Larry, interpretado por Jovan Adepo. El músico en ciernes a quien la pandemia le arrebató su futuro ya podría ser material para una buena historia antaño del desastre, pero incluso cuando toca departir de sus peripecias durante el desmoronamiento de la sociedad, que fue un apartado anodino en los personajes del primer episodio, con él adquiere una dimensión fresca, mostrando perspectivas nuevas. Y funciona todavía mejor al producirse el encontronazo con Rita, personaje a la que Heather Graham llena de una personalidad magnética. Del mismo modo, ese capítulo igualmente se centra en parte en Lloyd (Nat Wolff), que igualmente regala grandes momentos y explora con creatividad este mundo en descomposición, aunque sea un personaje del que cerca de esperar que lo mejor esté por estar.

Un mundo extraño, no siempre admisiblemente llevado

Otro de los alicientes que podría ofrecernos ‘The Stand’ y que otras producciones postapocalípticas no tienen es su mundo mágico. El Hombre Sombrío tan presente en historias de Stephen King y su contrapartida, Raíz Abigail, juegan un papel relevante manipulando como fuerzas místicas a los protagonistas del relato, abriendo la oportunidad a un sinnúmero de posibilidades creativas. Al final, todo se queda en un concepto muy simplista del admisiblemente contra el mal, blanco contra sable. Jehová y el demonio jugando a una partida de ajedrez para la que usan a los humanos. Más allá de esa imagen manida, la embeleso sólo sirve para hacer avanzar la trama convenientemente con destino a donde sea necesario.

Teniendo en cuenta los apartados irregulares de guion que nos ofrece ‘The Stand’, es un alivio comprobar cómo la dirección mantiene un estilo propio uniforme mucho más destacado. Josh Boone es el showrunner, excepto de encargarse de dirigir el piloto, y parece que el director de «Bajo la misma fortuna» que ya coqueteó con el terror en «Los Nuevos Mutantes» se ha adentrado del todo en el clase para ofrecernos una serie de imágenes efectistas internamente de una suma plenamente cinematográfica. Además construye un tono para la serie que no teme explorar momentos escatológicos y de un ácido humor sable, pero sin regodearse en ellos, por lo que su uso resulta más impactante.

Poco convincente

Lo cierto es que nada más con esa dirección destacada es difícil que se oriente una serie que cuenta con ese hándicap de deber sido superada por la verdad. Menos de sobrellevar visualmente al siglo XXI la obra de King, probablemente habría sido necesario ampliar y adaptar sus conceptos, o designar mejor el punto de partida de la historia internamente de un texto extenso y cargado de personajes. Aunque es cierto que ‘The Stand’ tendrá nueve capítulos en total, en los que podría partir tramas más apasionantes y presentar nuevos protagonistas que resulten más atractivos, este inicio no da muestras de alcanzar el ritmo que sería necesario para salir a ese punto y exceder la chasco auténtico.