‘Mythic Quest’ nos saco de la oscuridad con «Everlight»

Las series han reaccionado a la pandemia de coronavirus con capital de todo tipo: ‘The Good Doctor’ hizo insinuación a la crisis para olvidarse de ella rápidamente, ‘Espécimen de Manada’ ha articulado toda la temporada aproximadamente de sus enseres y ‘Navy. Investigación criminal’ ha cogido una máquina del tiempo para dislocar de dramas médicos. En el caso de ‘Mythic Quest’, las referencias llegaron antiguamente que el virus, ya que la primera temporada terminaba con el anuncio de «Blood Ocean», la nueva expansión del MMO que da título a la serie, cuya principal novedad era la inclusión de una enfermedad que se propagaba entre los jugadores.

Ese desenlace envejeció muy mal en muy poco tiempo, aunque los propios personajes ya se lo tomaban con humor en el episodio «En cuarentena», uno de esos especiales -quizá el mejor- lanzados durante el confinamiento. El equipo del videojuego trataba de mantenerse conectado durante el teletrabajo, mostrando tanto los momentos más duros y solitarios como un culminación que reivindicaba la unión en tiempos tan complicados. Por aquel entonces, Rob McElhenney y el resto de guionistas ya estaban trabajando en la segunda temporada, que llegará a Apple TV+ el 7 de mayo, pero antiguamente hemos podido disfrutar de otra espléndida bisagra, «Everlight», que devuelve a los protagonistas a la oficina tras ese periodo de separación.

El nuevo episodio distinto se centra íntegramente en la celebración de Everlight, una rolera fiesta anual a la que los empleados de «Mythic Quest» acuden caracterizados como personajes de una ilusión medieval. Cada uno comercio de resaltar sus atributos con los ropajes y la aire de su alter ego: David es el «puro», Jo es una auténtica sanguinaria y Poppy e Ian ocupan dos tronos por encima del resto. Desde esa posición elevada, los directores creativos deben proclamar al campeón de un torneo de combates, que se libra en medio de un firme ya de por sí caótico.

Dejando antes los tiempos oscuros

Para aumentar la ambientación fantástica, el episodio recurre a secuencias animadas narradas por Anthony Hopkins en las que se cuenta la historia de un distinguido que salvó a su pueblo de una densa oscuridad. De ahí emana la tópica lucha del proporcionadamente contra el mal, entre la luz y la sombra, que entronca directamente con los complicados tiempos que hemos vivido y que seguimos atravesando a causa de la pandemia. Los propios personajes además saben que el Everlight de este año no es como los demás, que hay que inyectar esperanzas para recobrarse las recientes heridas. Y así lo hacen, pero al estilo de ‘Mythic Quest’.

El desorden y el atrevido sentido del humor van de la mano en el guion escrito por Ashly Burch, quien además da vida a Rachel. A partir de esa sensible pulvínulo, la serie pisa el acelerador en el demarcación de la anhelo estética al entrelazar el incongruencia de este conferencia medieval, un tanto ridículo a primera instinto, con una genuina inmersión en el mundo de Everlight a pulvínulo de enseres visuales. El resultado es una rutilante experiencia de una media hora que nos devuelve al maravilloso universo de ‘Mythic Quest’, capaz de tener corazón y mala nata al mismo tiempo, y que nos invita a la fiesta que todavía no hemos podido tener por falta de la pandemia.