* En elaboración

La perplejidad del domingo 24 de enero, ‘Domingo deluxe’ recibió en plató a Kiko Rivera, quien acudía a Telecinco una vez más para compartir la situación sobre su conflicto con su mama, Isabel Pantoja. Una entrevista que se daba una vez más en medio del silencio de la tonadillera, que llevaba cien días sin conversar con Kiko, y con los últimos choques entre los dos muy presentes, como los mensajes que envió a su nieta por su cumpleaños o la recogida del coche que estaba en propiedad de Rivera y su tribu, y que arrancó con un Kiko Rivera muy definitivo al dialogar de Pantoja.

«Aunque mi mama haya hecho las cosas mal y yo esté muy jodido, no deja de ser mi mama», confesaba Rivera, al manifestación del diálogo con Jorge Javier Vázquez, quien lo recibió en la puerta de Mediaset. El invitado reconoció que se sentía «cada día más alejado» de su mama, al igual que «más triste» sobre el conflicto que había surgido entre los dos. «Llega un punto en el que pienso que es ridículo», reconoció el cantante, quien admitió que, aunque no había recibido ninguna indicación de Pantoja desde que la tonadillera llamó a ‘Sábado deluxe’ en la última entrevista de su hijo en dicho software, «esperaba una indicación cuando murió mi suegro».

El software además mostró un contador en el que se recogía los cien días que habían transcurrido desde entonces, sin ningún contacto entre los dos, momento en el que el presentador recalcó que, durante la indicación en directo, Pantoja «hizo promesas que nunca cumplió». «No entendía esa indicación. Me sentó como una patada en el culo», confesó Rivera, tras lo cual señaló que «ahora mismo, no» tenía decisión la exterminio entre los dos. «Yo no quiero que se solucione. Quiero que me explique y luego veremos si se puede perdonar», declaró Rivera, tajante. Jorge Javier indicó entonces que, si su mama deseaba dialogar con su hijo, tenía a disposición un teléfono. Una propuesta en vano, a fanales del invitado, que incluso bromeó, medio en broma, medio en serio, con que «mejor que nos escuche todo el mundo, porque con las mentiras que dice, a ver si luego no me van a creer».