Omar Sy se luce en esta 'La Casa de Papel' a la francesa

La popularidad internacional de ‘La Casa de Papel’ ha correcto de ser para Francia como ver a Rafa Nadal morder Roland Garros, teniendo en cuenta que ellos tienen su propia institución en lo que se refiere a ladrones ficticios de astucia desmesurada que se mueven según un código ético. Se proxenetismo de Arsène Lupin, figura clásica de la humanidades de folletín a la cumbre de Sherlock Holmes que había sido debidamente adaptada en numersosas ocasiones a lo audiovisual, pero que ahora recibe el tratamiento de Netflix. Así, el mito se transforma en una serie contemporánea creada por George Kay, que para la plataforma ya trabajó en ‘Criminal’ y ha guionizado episodios de la exitosa ‘Killing Eve’.

Este nuevo acercamiento al timador de manguito blanco por excelencia es ‘Lupin’. En ella el protagonista no es el personaje titular, sino Assane Diop (Omar Sy), un inmigrante senegalés que se forja una brillante carrera delictiva robando a la guisa del protagonista de las novelas de Maurice Leblanc. No obstante, ajustado cuando está pensando en dejar de robar para centrarse en su hijo Raoul (Etan Simon), sale a la luz una estancia robada relacionada con su pasado cuyos secretos le podrían permitir resarcir a su padre.

Lo de siempre, pero nuevo

Las cerebrales aventuras del criminal se transforman aquí en un thriller trepidante con un claro afán de impactar desde su primer e impecable episodio, dirigido por un habituado en la argumento como Louis Leterrier, que juega de forma espectacular con uno de los iconos más destacados de París. Aunque el resto de episodios no están dirigidos por él, ya asientan la tendencia de contar de forma dinámica uno de los meticulosos planes de Assane mientras se cuenta en flashbacks detalles de su origen, sin perder por ello el ritmo.

Todos esos planes, en muchas ocasiones disparatados y sobrecomplicados, tienen la intención de elevar al personaje a la categoría de carácter, aunque seguramente el espectador tendrá que poner de su parte para aceptarlo. Como sucede en la ya mencionada ‘La Casa de Papel’, se hace necesario aceptar el tono deliberadamente exagerado y vistoso de la ficción para que se mantenga la suspensión de la incredulidad pero, asumida esa perspectiva y obviando hacer preguntas puntillosas, se puede disfrutar de las entretenidas y ocurrentes tramas.

De aristócrata a paria

Uno de estos puntos que podrían poner en tela de discernimiento la fiabilidad del argumento es la facilidad con la que el protagonista se expone abiertamente en diversas situaciones, siendo como es un hombre buscado, sin demasiadas consecuencias. No obstante, se juega muy inteligentemente con sus medios al señalar de una forma sutil al racismo como causa de la impunidad de esta exhibición tan chulesca de Assane. ¿Muestran los europeos tan poca atención a un hombre adverso como para que pueda confundirse simplemente cambiando su comportamiento? Quizá pueda parecer ilógico, pero precisamente al utilizar esta afición como una denuncia social ataca una perspectiva privilegiada que podría tener un espectador occidental y favorece la credibilidad.

Ese detalle es el momento en el que ese acción directa está meramente abonado en la trama, porque en otros momentos está expuesto de forma clara y directa. El elegante aristócrata que ataca a los malvados se convierte en esta lectura en un héroe del proletariado al significar a los más desfavorecidos, volviéndose por el camino más empático. El timador que roba a los poderosos y resulta afectuoso por ello es un tópico desde Robin Hood a «Ocean’s Eleven», pero utilizarlo en la forma de un inmigrante racializado que simplemente usa los prejuicios de una sociedad que le ha denostado contra sí misma puede que sea una de las formas más perfectas de encarar ese tópico.

El hombre consumado para el trabajo

Por supuesto, otro de los grandes pilares de esta serie es el carisma de Omar Sy, que se luce como nunca antiguamente al tocar no sólo todas y cada una de las capas del altruista timador, sino adaptándose contiguo a su personaje a las diferentes situaciones y disfraces que debe admitir. Toda la elegancia, seducción, hechizo e inteligencia que posee el personaje diferente eran necesarias para sostener la franquicia, y Sy cumple el objetivo de brindarlas con creces y hasta parecería que con una despreocupada facilidad.

Aunque el protagonista es capaz de empequeñecer a quien se le ponga por delante, es de destacar todavía la quehacer de Ludivine Sagnier como Claire, la exmujer de Assane. Juntos, Sagnier y Sy comparten una química y una complicidad desbordantes, que se deja notar a cada segundo que comparten pantalla. Todavía sorprende Vincent Garanger en el papel de Dumont, un policía con mucho que ocultar que se cruza en el camino del criminal protagonista.

Combinación perfecta

La estructura de la serie rescata un poco las tramas episódicas, que parecen casi olvidadas en la televisión flagrante. No es que no exista una trama unitaria para toda la temporada que conduzca la argumento, que la hay, pero cada capítulo combina un pequeño avance en esa dirección con una aventura unitaria de Assane, que lleva a lengua uno de sus golpes o planes. Con ello no sólo se le da una personalidad y un ritmo propio a cada capítulo que hace que la ficción no quede como una película cortada a cachitos, sino que todavía homenajea de alguna forma el formato diferente de las novelas en que se zócalo, que por otra parte inspiran sutilmente cada uno de estas aventuras unitarias.

A cada uno de estos pasos se va configurando un culminación final para esta primera parte de cinco capítulos que deja todo franco de cara a una resolución en su segunda parte de igual extensión, que se dilación que se estrene a lo extenso de 2021. Singular de las múltiples líneas que quedan por explorar en el presente de la serie, todavía hay interesantes momentos del pasado de los personajes por revelar que a buen seguro darán nuevos matices a esta nueva y querida producción al más puro estilo Netflix.