Polémica de ElXokas: ¿está arruinando Internet la salud de nuestros hijos?


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Hace un par de semanas aproximadamente, se produjo un acontecimiento relevante para la comunidad española de creadores de contenido. Uno de los mayores ‘streamers’ de Twitch, ‘ElXokas’, fue pillado con una cuenta secundaria (más bien ‘fake’) durante uno de sus directos. En ella, no revelaba su identidad y aprovechaba su anonimato para idolatrarse a sí mismo, insultar y atacar a sus ‘haters’ e incluso realizar comentarios poco afortunados hacia otros compañeros de profesión.

Durante el mismo directo en el que fue descubierto, el ‘streamer’ de origen gallego se apresuró a borrar la cuenta e intento justificarse ante sus seguidores, empleando su estilo descarado para tratar de salir del paso. A pesar de sus rápidas (e insuficientes) explicaciones, la polémica ya había estallado y tanto su nombre como el de su cuenta falsa eran Trending Topic en Twitter. 

En las horas siguientes, muchos de los grandes creadores de contenido hablaron del tema, coincidiendo todos en la grave equivocación de ElXokas, la cual muchos ligaron a problemas de salud mental, por lo que algunos de sus compañeros de profesión más cercanos hablaron con él para hacerle ver el error y la necesidad de realizar cambios en su vida.

Al día siguiente,  realizó un breve directo de apenas media hora, el cual tenía como título «os debo una disculpa». En él, el streamer de 30 años enmendaba en gran parte su actitud del día anterior al pedir perdón a sus seguidores y admitir sin tapujos que se había equivocado. Además, comentó sus problemas obsesivos con el éxito y el trabajo, los cuales –aseguró- ya le venían pasando factura desde meses antes de que estallara todo esto. «Mi vida solo es esto; he dejado atrás todo, me he obsesionado«, llegó a decir. Habló del peso de la fama y de las críticas y de cómo éstas le habían desbordado, mostrándose vulnerable como pocas veces lo había hecho hasta el momento. Tras ofrecer su explicación, se disculpó por última vez y apagó la retransmisión. 

Poco después, anunció en redes sociales que se tomaría un tiempo de descanso, el cual duró apenas una semana. Así, actualmente el creador de contenido ya está de vuelta en la plataforma morada, si bien aseguraba que se tomará las cosas de otro modo a partir de ahora.

Más allá de las valoraciones particulares que se puedan hacer sobre el caso concreto, que por su especifidad tienden a ser enormemente efímeras, sí resulta valioso reflexionar acerca de los nuevos espacios digitales que han surgido en los últimos años y cómo éstos afectan a ámbitos tan distintos como la salud mental o el empleo.

Empezando por el último de éstos,  son muchos los ‘streamers’ que diariamente realizan más horas de directo que las establecidas en una jornada laboral completa convencional. En este contexto, se hace evidente que la flexibilidad horaria y la autogestión del trabajo que se ha incentivado en los últimos años también puede tener su parte negativa.

Preguntado por la naturaleza de este tipo de nuevos empleos, el autor de la obra ‘Despertar del sueño tecnológico’ (Akal, 2019), Ekaitz Cancela, afirma que «los mecanismos algorítmicos de Twitch son similares a los de Glovo o los de Uber«, en tanto que se emplean datos recopilados para tratar de optimizar el servicio. Así, según su criterio es probable que «toda la gente que quiera vivir de crear contenido en línea se vea obligada a someterse a estas lógicas, ya que estas  plataformas son muy exigentes y requieren de muchas conexiones y de la emisión y consumo constante de información», dado que este es su mayor capital. 

En este sentido,  «hay que considerar que las redes sociales, Twitch incluido, han unido el ámbito del consumo y el de la producción, el del ocio y el del trabajo, y esto se debe a la creciente mercantilización de cualquier ámbito de la vida«, concluye Cancela.

En la misma línea, el sociólogo Álvaro Soler añade que  «al tratarse primeramente de una vocación,  los ‘streamers’ están dispuestos a hacer mayores esfuerzos por cumplir su sueño, por lo que la autoexplotación es todavía más sublime, ya que creen que el sobreesfuerzo realizado será en beneficio propio». 

Otro elemento que se debe tener en cuenta para entender este tipo de empleos digitalizados es que se trata de una forma de producción (y de trabajo) que no tiene porqué ser sostenible en el tiempo. Así, cabe considerar que los ‘streamers’ no tienen ningún trabajo garantizado, por lo que tratan de exprimirse durante el tiempo que están en la cresta de la ola para extraer toda la rentabilidad  posible de su empleo. 

Las redes sociales son una máquina de destrucción de personas Ekaitz Cancela

De este modo, tal y como afirma Cancela, «las redes sociales son una máquina de destrucción de personas (o personajes) y ellos lo saben, por lo que intentan hacer contactos y buscar trabajos extra fuera de su nicho».  «Esto, evidentemente,  genera un elevado nivel de estrés y una enorme inestabilidad vital, por lo que cuando rebuscas más allá de su figura pública te das cuenta de que no son felices trabajando tantas horas y con tanta presión, a pesar de que puedan sentirse realizados», prosigue.

Como factor añadido, las redes sociales no están diseñadas para atender a cuestiones como la salud mental o el acoso, por lo que son tendentes a que ocurran sucesos de este tipo debido a que no hay herramientas o procedimientos efectivos para solucionar o afrontar estas situaciones. «Pareciera que las redes sociales pretenden darle respuesta a los problemas de salud mental a partir del entretenimiento, el consumo y la circulación de mercancías, pero lo que consiguen es lo contrario, ya que tapan un problema estructural con una serie de consumos ligeros que acaban provocando el efecto opuesto, porque la gente acaba dándose cuenta de que realmente no es feliz así», plantea el autor.

«Este es un problema fundamental, las redes sociales prometían una felicidad que, en términos generales, no se ha cumplido. El problema es que no hay instituciones suficientes que permitan externalizar, democratizar y socializar el ocio y el entretenimiento… En Twitch, solo una persona realiza la actividad en cuestión, mientras que el resto la miran. Esta lógica unidireccional genera problemas, porque el público verdaderamente lo que querría es ser como ElXokas o Ibai Llanos y hacer lo que están haciendo ellos y tener su estatus o su vida. Entonces, cuando se vende que la única forma de tener una existencia plena es a través de las redes sociales y esto no se consigue, es normal que una parte de los usuarios termine sufriendo problemas de salud mental (y en ocasiones atacando a los creadores)¨, explica.

Hasta cierto punto lógico, las redes sociales despiertan lo que Spinoza denominaba ‘pasiones tristes’, ya que su necesidad de intercambiar constantemente información da lugar a un mayor número de interacciones humanas, que siempre son entre grupos diversos y con una información limitada, lo que aumenta las posibilidades de que se produzcan discusiones o malentendidos. Las redes sociales no están hechas (a priori) para mejorar la convivencia entre las personas, sino para generar interacciones y capitalizar la información.

Un buen ejemplo de esto ha sido la actuación de la mayor parte de ‘streamers de habla hispana, quienes tuvieran o no relación personal con ElXokas, se prestaron rápidamente a hacer todo tipo de comentarios acerca de lo ocurrido, siendo criticados por algunos usuarios de Twitter por enriquecerse de la desgracia ajena.

En un contexto en el que el número de productores de contenido es creciente, se necesita de espectáculos cada vez más llamativos o emotivos para retener la atención

Al plantear esto, es importante recordar que en la sociedad del estímulo se necesita de dosis de escándalo diarias. En un contexto en el que el número de productores de contenido es creciente, se necesita de espectáculos cada vez más llamativos o emotivos para retener la atención (que es el mayor bien en la economía digital) de los consumidores. En consecuencia  “cuando ocurre esto de ElXokas, es normal que todos lo comenten, porque ya se ha instaurado la lógica de coger cualquier tema y que todo el mundo opine sobre ello», afirma Cancela. «Pero esto no lo ha creado Twitch, esto se puede ver también en LaSexta, por ejemplo. La diferencia es que Ferreras para un especial debe movilizar a trabajadores, mientras que un creador de contenido no necesita a nadie, lo que hace que su capacidad para capitalizar cualquier suceso sea todavía mayor«, continua.

Así pues, al estar frente a la pantalla, el objetivo principal siempre es el de obtener la máxima rentabilidad posible, por lo que no es de extrañar que hayan  hablado de lo ocurrido con el ‘streamer’ de origen gallego, puesto que forma parte de su forma de operar diaria.

Regulación del espacio digital

Del mismo modo, es evidente que siempre ha habido malas conductas por parte de los famosos, que al fin y al cabo no dejan de ser humanos sometidos a una elevada presión. El elemento diferencial que hay que considerar es que mientras que la mayoría de personas famosas tienen una escasa capacidad de improvisación debido a los contratos con las agencias de publicidad, los ‘streamers’ están sometidos a un menor control externo, lo que posibilita que sea más probable que se den situaciones no previstas. ¨También hay que tener en cuenta que anteriormente había un menor número de personas famosas. Las redes sociales han aumentado el número de personas que pueden llegar a ser personaje público y esto evidentemente dificulta la vigilancia sobre su discurso o acciones¨, añade Cancela. Ante esta situación, que el sociólogo Soler explica que es nueva para nuestra sociedad, «probablemente la única salida viable sea una regulación del espacio digital» que facilite la convivencia en aquellos espacios que son comunes para el ser humano, tal y como se hizo con el Estado.

Más allá de la pertinente regulación legal, es evidente que las acciones y los discursos que se promueven en redes sociales tienden comúnmente a la individualización, lo que a  juicio de la psicóloga Ana Ríos es peligroso debido a que ¨ en una sociedad en la que todos somos potencialmente vulnerables, crea una imagen narcisista de uno mismo que luego es difícilmente sostenible en el tiempo, y que en aquellos casos en los que se quiere mantener en público, termina explotando en privado. «Tenemos que comprender que el narcisismo y las inseguridades no son fenómenos antagónicos sino las dos caras de una misma moneda en la sociedad de la exposición», sostiene.

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